Cada decisión es un acto de creatividad sin límites
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Cada decisión es un acto de creatividad sin límites

y en esa breve aurora se siente el germinar lento de la palabra en el silencio

Aunque cada hombre pueda ser un artista, no es lo habitual que se profundice en dicha capacidad, bien al contrario se aprecian poco sus posibilidades y se desestiman sus implicaciones. En el encuentro acaecido entre el Este Asiático y Europa junto a América quedan al descubierto las carencias y aportaciones de cada una de las partes en busca de complemento y superación de sí mismas, espiritualidad y ciencia parecen competir por expandirse y encontrarse, incluso ofrecerse con vistas a que las diferencias no aniquilen sino que fortalezcan posiciones.

El Arte originario de Europa ha entrado en una cuesta abajo en la que todo parece valer y cuanto más joven se sea al decirlo más mérito y significado acarrea consigo, pierde consistencia, hay que explicarlo continuamente ante un cuestionamiento incesante, no se disfruta pero estamos obligados a tolerarlo, quiere sorprender y se vuelve intransigente con su público, se premia llegar pero no la permanencia, la sociedad se siente culpable por no entenderlo y calla antes de posicionarse en la denuncia por si acaso hay algo que aunque no ve por mucho que mire, sea por incapacidad propia antes que carencia ajena. Está en una posición débil pero tiene una técnica fuerte que ha hecho del medio su gran baluarte, el Arte tanto en Europa como en Estados Unidos está centrado en probar soportes nuevos, materiales nunca antes utilizados para tales fines, las novedades tecnológicas pujan por ser útiles a la expresión, pero para expresar ¿qué? ¿el diseño innovador que ha ocupado las plazas de las Bellas Artes? Las ideas se las poda antes de que puedan llegar a ser árboles y nos quedamos con los sobresaltos de la llegada de una idea que abortamos sin darle tiempo, corriendo de mata en mata, plantones que abandonamos sin el riego del día a día, tantas nuevas ideas quieren salir que no hay suelo suficiente en el ser que las concibe y mueren a una edad demasiado temprana porque no nos damos un respiro para profundizar. Cuando el sol aprieta no hay sombra y seca los débiles brotes, estando como está la esperanza seca, no hay espera, no hay necesidad de esperar pues los artefactos nos cautivan con una cara nueva, otra idea que suplanta la que guardábamos en espera y que tiramos a la papelera, ahí nos mostramos débiles, las raíces no sujetan el agua y en época de lluvias se lo lleva todo por delante, queremos más aún sin terminar de digerir y la ansiedad nos pierde en el camino.

Para ver un paisaje no basta con mirarlo una vez, sino vivirlo toda una vida, el tiempo es un gran hacedor, si en la segunda mirada ya encontramos repetición es que hemos perdido la capacidad de andar y pretendemos solamente llegar, pero llegar es morir y en vez de vivir los días matamos las horas. No se puede vivir matando el tiempo sino iluminando el alma, cultivando el espíritu, aprendiendo cada letra de la vida para leer el mundo. Los enormes contrasentidos del siglo, las paradojas irresolubles parece que han cumplido con el cometido de desenterrar las semillas que tan celosamente cada parte del mundo había guardado como propias e intransferibles, como identitarias de su propia cultura y que una vez al descubierto pasan a ser patrimonio de todos. Así por ejemplo, la meditación del este Asiático da sus frutos tanto en Europa como en América y la tecnología practica el camino a la inversa, el encuentro propicia el intercambio y los injertos nos dan frutas nuevas que juntos debemos degustar y en su digestión encontrar las bondades y perjuicios de las mismas.

El siglo XX se ha ido y nos ha dejado deslumbrados en la luz, ciegos de tanto mirarla sin ver lo que alumbra, caminar el encuentro, sin buscar hasta perder el aliento, es quizás un paso, redescubrir el Tiempo como hacedor de lo invisible una necesidad porque el tiempo cumple su designio inexorablemente. La imagen del tiempo está en la madera que crece en medio de la tierra sin prisa y sin pausa, de forma constante e imperceptible, paulatina e invisiblemente y en el árbol encuentra su símbolo.

El Arte es realidad de su tiempo, de su gente, si no encontramos sentido al Arte es posible que tampoco encontremos sentido a la vida. Una vida que es una sucesión de decisiones, importantes cada una en sí misma, hasta la más trivial va generando una huella que hace camino, todas provocan un cambio, todas podrían haber sido otras, en ellas vamos depositando nuestro sentido, con ellas vivimos, nos moldean, nos hacen e interaccionamos con el mundo en comunidad con los hombres. Bajo presión, una decisión puede ser una bomba, se pone a prueba la capacidad de reacción del hombre que tiene más que ver con lo que ya lleva dentro, con su experiencia de vida, con decisiones ya tomadas, ante la imposibilidad de predecir los efectos, ante el desconocimiento de todos los factores que influyen en ese preciso momento, pero se exige una decisión que quizás cambie para siempre su vida y hasta la de sus semejantes. Ahí se valora al hombre, ahí se mide con la naturaleza misma, ahí no tenemos a mano un laboratorio que con sus comprobaciones nos dé certidumbre, ahí está sólo bebiendo de sí mismo, pidiendo un gesto que desentrañe el presente, que le indique el camino. Tomar cada decisión es un acto de creatividad sin límites, la libertad de ese instante es su comunión con el mundo, darle la grandeza que tiene es una opción, tirarla nos condena al eterno retorno. Cuando la veracidad es guía, la dificultad permite ver al corazón el fondo de la situación. Ser dueño de sí mismo en lo interior permite que las acciones exteriores se acompañen de éxito. El peligro puede protegernos de intervenir sin concierto y defendernos de los ataques. Ver en profundidad el momento del que una decisión se hace dueño es penetrar el sentido, es copiar al agua que alcanza su meta fluyendo sin interrupción y rellenando todos los huecos. El Arte es una mirada de sublime erotismo que decide un gesto cuya acción se plasma en la obra que es una forma de vida.

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